Capítulo 8
El silencio que siguió fue ensordecedor.

Me llevé una mano al pecho, como si así pudiera calmar los latidos desbocados. Pensé en mi vida antes de él, el departamento diminuto, las deudas que nunca terminaban de pagar, la sensación constante de estar a un mal mes de perderlo todo, de no poder pagar
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