Se quedó quieto un momento, ojos cerrados, pecho agitado.
—Joder… —murmuró al fin, abriendo los ojos y mirándome con una mezcla de vergüenza y asombro—. Lo siento. Hace… hace mucho que no me corría así. Demasiado tiempo conteniéndome.
Reí bajito, todavía con la mano pegajosa sobre su abdomen.
—No te