Su mano seguía trazando líneas distraídas en mi brazo.
Lentas, constantes.
Casi como si necesitara asegurarse de que yo seguía ahí.
—¿Estás bien? —preguntó después de un rato.
No levanté la cabeza.
—Sí… —murmuré—. Creo que sí.
Y era verdad, aunque no completamente tranquila. Pero sí… mejor.
Mucho me