Pero no parecía absorto, parecía… presente.
Al notar mi movimiento, giró la cabeza.
—Buenos días —dijo.
Su voz fue tranquila y natural.
Como si no hubiera nada forzado en ese gesto.
—Buenos días… —respondí, todavía adaptándome.
Se incorporó un poco, dejando el mando a un lado.
—¿Has dormido bien?
Lo