Capítulo 18
El silencio después de que se cerrara la puerta del despacho fue absoluto. Ni un ruido de teclas, ni un suspiro, nada. Solo el zumbido del aire acondicionado y el tic-tac lejano del reloj de pared en el salón. Eran las doce y media del mediodía. El sol entraba a raudales por los ventanales, iluminan