Me dolió el pecho. No de rabia. De algo peor. De pena.
—Pues entonces prepárate despacio —dije en voz baja—. Porque si no me lo cuentas pronto, voy a terminar mirándote así de todos modos. Y no va a ser porque me lo hayas contado. Va a ser porque no me lo contaste nunca.
No respondió.
Me puse de pie