—Ahora no —dije, y mi voz salió más suave de lo que esperaba—. Estoy borracha, cansada y… no sé ni cómo estoy, Sebastián. Necesito una ducha. Necesito dormir. Y tú… —señalé vagamente su cuerpo semidesnudo— …deberías ponerte algo encima antes de que me dé un infarto.
Vi asomar una media sonrisa en s