Capítulo 153
La luz de la mañana se colaba como un ladrón suave por las rendijas de las cortinas. París respiraba despacio allá abajo, con ese murmullo de ciudad que nunca duerme del todo pero que a esa hora parecía susurrar. Yo abrí los ojos primero y me quedé quieta, sintiendo el calor del cuerpo de Sebastián
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