La puerta se abrió con cuidado. Sebastián entró solo, con dos vasos de café para llevar en una mano y una bolsa pequeña en la otra. Me miró de inmediato, como si pudiera oler el miedo desde la entrada. Cerró la puerta despacio para no hacer ruido.
—¿Qué pasó? —preguntó bajito, dejando los cafés en l