Sebastián se quedó quieto un segundo, como si mis palabras le hubieran dado un golpe que no esperaba. Bajó la mirada al suelo, los hombros tensos, y cuando volvió a hablar su voz salió más baja, casi ronca.
—Lo siento —dijo, y sonó sincero, sin excusas ni defensas—. Lo de no hablarte estos días… lo siento de verdad, Chloe.
Él se pasó una mano por la nuca, incómodo, como si le costara admitir lo que iba a decir.
—Pensé que no me querías cerca —admitió al fin—. Que preferías el espacio. Me conven