El silencio que quedó tras sus palabras no fue incómodo, pero fue necesario.
Como si, por primera vez, el aire no estuviera lleno de cosas no dichas, sino de todo lo contrario.
Verdades.
Me giré lentamente, dándole la espalda unos segundos para pensar.
Porque lo fácil habría sido responder de inmediato.
Decir algo contundente, cerrar el momento con una frase clara.
Pero nada de esto era fácil ya.
Apoyé las manos en el respaldo del sofá, sintiendo la textura fría bajo mis dedos. Respiré hondo.
—