Parte II. Capítulo 4. ¡Es mi hijo!
Bárbara abrió los ojos con una lentitud que reflejaba el peso de la incertidumbre. La oficina le pareció ajena y desconcertante, pero lo que más le impactó fue la mirada de Nathan. En sus ojos, vio un torbellino de emociones: miedo, preocupación y un atisbo de rabia. Se incorporó con cuidado, pero una ola de mareo la zarandeó. Para evitar caer, posó la cabeza sobre las rodillas, mientras un grito silencioso resonaba en su mente. ¡Es mi hijo! ¡Es mi hijo! Una y otra vez.
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