Capítulo 30. Diana al fin está en casa.
Al amanecer, los tenues rayos de sol comenzaron a filtrarse a través de las cortinas de la habitación del hospital. Ava despertó lentamente, parpadeando mientras su mente volvía a la realidad. Al girar la cabeza, su corazón dio un brinco en su pecho al encontrarse con la vista de Diana, de pie en el borde de su cama, mirándola con una sonrisa cálida y llena de amor.
―¡Mamá! ―exclamó Diana con entusiasmo, sus ojos chispeando de alegría.
Ava no pudo evitar soltar un suspiro de alivio y felicidad.