GRACIAS
Permanezco un momento en la habitación, inmóvil frente al espejo, escuchando mi propia respiración. El vestido se desliza sobre mi piel como un recuerdo que aún no se ha vivido. Caen perfectamente, como si supiera exactamente dónde posarse. Pero mi cara… mi cara aún cuenta la noche, las insomnias, los pensamientos que roen.
Entonces me siento frente al pequeño tocador. No tengo ganas de esconderme, y, sin embargo… lo hago. Un velo ligero de base, justo suficiente para borrar la fatiga. Un poco de polvo para difuminar las ojeras. Máscara, pero no demasiado, para agrandar la mirada sin que se note el esfuerzo. Coloreo mis labios con un rojo discreto, no el de la seducción, sino el de la mujer que ha decidido mantenerse erguida, incluso cuando arde por dentro.
Quiero parecerme a la que me estoy convirtiendo en este vestido. Una mujer que, a pesar de las grietas, aún se mantiene en pie.
Cuando bajo las escaleras, él ya está allí, de pie, una mano en el bolsillo, la otra sosteniend