GRACIAS
Permanezco un momento en la habitación, inmóvil frente al espejo, escuchando mi propia respiración. El vestido se desliza sobre mi piel como un recuerdo que aún no se ha vivido. Caen perfectamente, como si supiera exactamente dónde posarse. Pero mi cara… mi cara aún cuenta la noche, las insomnias, los pensamientos que roen.
Entonces me siento frente al pequeño tocador. No tengo ganas de esconderme, y, sin embargo… lo hago. Un velo ligero de base, justo suficiente para borrar la fatiga.