Capítulo 121
La sangre se me congelo de miedo.
—No… —susurré de inmediato—. Oliver, por favor, déjame bajar.
Él siguió conduciendo, con la mandíbula apretada.
—No me obligues a hacer esto más difícil mi amor —dijo con una sonrisa.
—No me hagas daño —le pedí —. No le hagas caso a Renata. Todavía puedes salir de esto.
Oliver no respondió. Solo sacó una pequeña bolsa del bolsillo, la apretó un segundo entre los dedos y antes de que pudiera apartarme me lanzó un polvo al rostro.
Empecé a toser. Int