CAPÍTULO 20
La cargué como pude y corrí hacia el auto. No pensé en nada más, solo en llegar al hospital. Sentía el corazón latiendo a mil por hora dentro del pecho. Nunca había sentido esa desesperación que sentí al verla asi ahora que ella me llamaba “mamá”, tenía esa necesidad en mi alma de cuidarla.
Durante el camino, Ana apenas hablaba. Su vocecita temblaba.
—Mami… no me dejes… —susurraba agarrándose fuerte a mi blusa—. Tú eres mi mamá…
Cada vez que lo decía, algo dentro de mí se apretaba,