LA AMENAZA

Capítulo 38

Desperté con el cuerpo sensible, invadida por el dolor. No sabía qué me dolía más, si la cabeza o el pecho. Intenté respirar profundo, pero el aire me quemó, como si mis pulmones se negaran a recibirlo.

Abrí los ojos con dificultad, aturdida. Solo recordaba la explosión y el caos. Pensé en Steve, en Diego, en Ana, en toda la familia Ferbuson.

—Tranquila —dijo una voz femenina—. No intentes moverte, estás muy lastimada.

Parpadeé varias veces hasta distinguir a una enfermera frente a
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