La mansión donde Amir vivía con su padre era impresionante. Situada en un área apartada, rodeada por muros altos de piedra y puertas ornamentadas, la residencia parecía una fortaleza de lujo, que emanaba una sensación de poder y misterio. Al ingresar a la propiedad, un camino de mármol blanco llevaba hacia un gran patio central.
Un mayordomo y varios sirvientes los escoltaron ayudándolos con los equipajes. En este, fuentes de agua adornaban el espacio, creando un ambiente relajante con su sonid