Capítulo 67. Sensaciones guardadas.
Cada kilómetro que recorría Ader se sentía más ansioso, tenía un mal presentimiento, condujo a toda velocidad, quería llegar donde su familia, de pronto el teléfono del auto sonó, no perdió tiempo y lo atendió.
—Aló, ¿Qué ocurre? —interrogó preocupado, enseguida escuchó la voz del jefe de los guardias que tenía apostado en la entrada del edificio.
“Lo siento, señor Leibans, pero su hijo y su esposa no están, escaparon”.
—¿Cómo fue eso posible, les dije que debían cuidarlo? ¿Cómo les permitieron