Capítulo 36. Vine por ti.
En la iglesia, Ader ya esperaba ansioso la llegada de las mujeres hasta que su teléfono timbró, no dudó en responderle.
—Aló, ¿Quién habla?
“Señor, lo siento, la organizadora me dio su número, es que hay un problema” dijo la mujer al otro lado de la línea armándose de valor “el chofer de la limusina fue golpeado y abandonado, alguien tomó su lugar y fue a buscar a las chicas ¡Las han secuestrado!”
—¡¿Qué diablos?! Más les vale que mi hermana y mi prometida aparezcan sanan y salvas, porque uste