Capítulo 32. Una aparición sorpresiva.
Emma se sintió atrapada, entre la espada y la pared, no sabía cómo responder. No podía decirle al hombre la verdad, que el bolso era suyo y que lo había tirado por la ventana para intentar escapar de él y de la mansión.
Pero tampoco podía mentirle, sabía que Ader era astuto y podría descubrir la verdad.
Tragó saliva y trató de pensar en una respuesta creíble.
—Es de...—comenzó a decir, pero no se le ocurrió nada, sin embargo, se salvó cuando se acercó una chica, la cual recordó cómo la herman