Pasó una semana y Ángela, en la mañana temprana, había recobrado la conciencia. Laura estaba muy contenta al ver que tenía nuevas esperanzas, aunque sus ojos estaban llenos de tristeza.
—¡Gracias, gracias…! Te agradezco tanto que no me hayas abandonado.
—Laura, estás aquí.
—He estado aquí desde la noche que me llamaste y jamás me he apartado de tu lado.
—Tenían que haberme dejado morir.
—No digas eso amiga.
Ángela se quedó mirando fijo en dirección hacia la pared y en ese momento de sus ojos s