—¿Cómo se siente la niña, Laura? —Las visitó Sara, y como siempre se mantuvo al pendiente
—He controlado la temperatura y me he comunicado con su pediatra. Él indicó los medicamentos que debía suministrarle y me repitió que, de seguir con las fiebres elevadas a temprana hora de la mañana, la llevaría a su consultorio.
Sara se acercó a la cuna de la pequeña y al tocar su frente, la fiebre había desaparecido por completo.
—Eres un ángel, hija, has llegado a esta casa para cuidar de Gema y hacer q