Por Alberto
La carita de Clara me conmovía muchísimo.
Todo me decía que podía confiar plenamente en ella.
Sin embargo, iba a ir con cautela.
Clara me podría juzgar por mi aspecto, aunque estaba vestido en forma sencilla, tampoco podía disimular totalmente que era un hombre de dinero, mi reloj, mi celular y otros detalles, hablaban por sí mismo.
La madre de Ricardito no parecía prestar atención a nada que no fueran mis palabras.
- ¿Cómo puede estar seguro?
-Mis abogados investigaron todo, es una