Ivette Russell
La decisión de René fue completamente un ultimátum hacia mi persona. Y decir que estaba entre la espada y la pared, era poco.
—Mi hija no tiene que pagar por mis pecados. —Tragué grueso—. No puedo decir nada respecto a lo que estás haciendo conmigo, porque, a final de cuentas, yo me lo he ganado. Pero nuestra hija… —Hice una pusa antes de corregir—. Mi hija no tiene la culpa de nada de esto, René. Es una inocente, sin embargo, las estás condenando con la misma severidad que a mí.