Ivette Russell
Clarissa no cabía de la emoción y mi corazón danzaba por ello.
Saber que había hecho algo bueno por alguien es motivo suficiente para recordar que la vida es bella. Esa misma tarde fuimos a celebrarlo cenando en un bonito restaurante y todo parecía ir bien, hasta que nos encontramos al mejor amigo de mi esposo.
—Srtas. —dijo, con una enorme sonrisa en la cara—. Buenas tardes, ¿Cómo están?
—Oh, buenas tardes, Julius —contesté, en representación de todas—. Todo genial, ¿Qué tal van