Golpeo, grito, insulto.
Sigo golpeando y gritando; chillo como poseída y tras media hora sudando la gota gorda, caigo rendida y me dejo arrastrar entre risas por Marco, fuera del ring.
Le he dado dura pelea y ahora, más que nunca, mi tobillo punzante lo reciente.
Duele un poco hasta respirar, pero se debe a lo agitada que estoy. El dolor puedo pasarlo por alto, siempre y cuando ya no tenga que levantarme de este alargado banquillo donde Marco me ha dejado.
Me seco la frente con la manga de m