56. Sala de espera
—Refuercen este lugar— ordené mientras veía como cargaban a mi hermano y lo metían en una de las camionetas— que nos sigan tres camionetas más, esto puede ser una trampa.
—El hospital más cercano está a cinco kilómetros al norte, señor Santori— me informó uno de mis hombres.
—Pues conduce como si el diablo te persiguiera. Filippo no puede morirse.
—Si señor— dijeron todos al unísono— andiamo.
Condujeron rápidos esos kilómetros mientras yo pensaba en que le puso pasar, su cabeza estaba en mi mus