CAPÍTULO 34 — Heredero al título.

En el auto, Max se mantuvo en silencio. Mirando por la ventana. Su mandíbula tensa.

Anabela lo observaba. Esperando que hablara. Que explicara.

Pero solo recibía silencio.

Finalmente, no pudo más.

—Max...

—Cuando lleguemos —dijo él sin mirarla—. Te lo explicaré todo cuando lleguemos.

—Pero...

—Por favor, Anabela. Solo... dame unos minutos más.

El tono de su voz no admitía discusión.

Anabela se recostó en su asiento. Frustrada. Confundida. Y cada vez más nerviosa.

El paisaje cambió gradualmente.
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