Capítulo 8.
Santiago abre los ojos y alcanza a observar una luz brillante, casi cegadora, que lo hace volver a cerrar los ojos.
—Hijo, hijo, ¿te encuentras bien? —el viejo Roel Moreno, se acerca a él y, con sus manos cálidas, comienza a mover las manos de su hijo.
— ¿Qué pasó? ¿Qué ha sucedido? —cuestiona Santiago de manera desesperada ubicándose en la habitación de un hospital.
— Tuviste un accidente —responde Roel, con la voz firme, pero con los ojos brillantes ante la ilusión de ver a su amado hijo con