Capítulo 9.
León observa el dolor de Aitana y su rostro está a punto de desfigurarse por completo por el dolor.
— Escúchame, él… tu padre, está vivo.— La palabras salen arrebatadas.
— ¡Déjame…! ¡Déjame!
Él la toma por el rostro haciéndola mirarlo a los ojos, obligándola a centrar su atención en el… y sólo en él.
— Tu padre está vivo.— Repite esta vez con más calma para dejarla procesar lo que intentaba decirle.
Aitana se congela en el momento en que escucha esa frase.
— ¿Cómo?
“Esto debe ser un sueño, o