Capítulo 37.
A pesar de la sonrisa que estaba plantada en el rostro de Lore, la tensión se sentía de forma instantánea.

Aitana se mantiene firme con la mirada, impactándose de forma contundente en el rostro de Santiago.

—Suéltame.

— No voy a hacerlo. Tú eres mía y solo mía— declara Santiago con las quijadas abiertas.

— Bien. Entonces no me quedará más que decirle a todos la clase de hombre que eres.

Él se ríe.

— ¿Con una enana de testigo? Por favor nadie creerá nada de lo que dices.

— Lo que has dicho, l
Alana Aguilar

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