Capítulo 14.
Aitana no puede sacarse de la cabeza, una y otra vez se presenta como en una especie de película rayada, la imagen del señor Pacheco haciendo ejercicio afuera.
—Suficiente, Aitana, suficiente. Han pasado días. Tienes que recuperarte de esto— se dice a sí misma al mismo tiempo que observa la colección que está en proceso.
Algo, algo en esa maravillosa colección sentía que hacía falta pero no lograba identificar.
En ese momento tocan a la puerta.
— Adelante…— susurra ella sin fijarse de quién se trata.
Sin embargo, al sentir el olor tan delicioso de unos roles de canela, simplemente sonríe y se gira para encontrarse con la mirada del hombre que le había quitado el sueño demasiadas noches como para aceptarlo.
“Ya, Aitana, tranquilízate” piensa. “Eres una mujer casada, una mujer que tiene una responsabilidad y una misión, y León Pacheco no forma parte de ella.”
En ese momento ella carraspea, tratando de regresarse al presente e ignorar cómo sentía más calientes sus mejillas.
— ¿Sí, señor