[PUNTO DE VISTA DE AURORA]
El camino a la enfermería transcurrió en silencio, pero la tensión entre nosotros seguía siendo palpable. Galvin no soltó mi mano ni un segundo. Su agarre era firme, como si esperara que desapareciera si aflojaba los dedos aunque fuera un poco.
Al doblar la esquina hacia el ala de la curandera, el aroma a hierbas medicinales y sábanas limpias se intensificó. Los dos guardias de la puerta se pusieron firmes, con los ojos muy abiertos al verme envuelta en la pesada t