Isabella se asomó por la puerta del baño y miró preocupada al hombre empapado:
—Lorenzo, ¿estás bien? ¿Cómo está Mari?
—Estoy bien, voy a cambiarme de ropa —respondió Lorenzo furioso.
Isabella hizo ademán de abrir la puerta del baño, pero Lorenzo la detuvo del brazo, mirando la puerta de vidrio con rabia:
—No entres, esa loca te mojará. Deberían encerrarla en un manicomio.
—Mari seguro no lo hizo a propósito, no te enojes con ella... —intentó mediar Isabella, actuando como pacificadora, pero sol