Al día siguiente, a las ocho de la mañana.
Marisela finalmente vino a trabajar después de haber pedido tres días de permiso. Al regresar a su escritorio, los compañeros con quienes tenía buena relación vinieron a preguntarle qué había pasado, por qué no respondía los mensajes.
—No fue nada grave, estuve hospitalizada unos días —sonrió Marisela—. Se me perdió el teléfono, ayer recién compré uno nuevo, no pude ver los mensajes anteriores. Perdón, no fue intencional no responder.
Al escuchar la pal