—La señorita Undurraga ya está bien, todos los registros de las enfermeras que vinieron a hacer rondas anoche son normales.
Lorenzo escuchó esto y se sintió completamente tranquilo, moviendo el cuello para relajar los músculos.
Después de pasar la noche, no se había cambiado de ropa y tenía arrugas por todas partes, además tenía el cabello despeinado, no se diferenciaba mucho de un vagabundo de la calle.
Tomando la sopa que le pasó Aurelio, ordenó:
—En un rato transfiere a Marisela a otro hospit