Capítulo 50
Marisela miró fijamente a este hombre enloquecido, mordiéndose los dientes en silencio.

Perro rabioso, maníaco, demente... ninguna de estas palabras bastaba para describir a Lorenzo.

La puerta quedó cerrada con llave, con dos cerrojos adicionales, e incluso Lorenzo se apostó junto a ella, vigilando como un carcelero.

Marisela volvió a su habitación, ignorando a este enfermo mental.

Al verla entrar, Lorenzo se calmó ligeramente. Poco después vio una caja lanzada desde la habitación. Se enfureció,
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Ana Maria Alejandrome gusta la historia pero ya se pasan con lo que.le hacen a la chica
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