En el baño, al cambiar el agua, descubrió que todos sus artículos de aseo y cepillo de dientes habían desaparecido. Solo quedaban los de Isabella, colocados junto a los de Lorenzo.
Marisela dibujó una sonrisa sarcástica. Había vivido allí dos años, pero bastaron dos semanas para que Isabella eliminara cualquier rastro de su existencia. De ser la legítima había pasado a ser "la intrusa", la que no encajaba.
Mientras tanto, fuera del edificio de la agencia de modelos.
El Rolls-Royce se detuvo y la