—No voy a ningún lado, simplemente no me gustan —respondió Marisela sin expresión.
Al escucharla, la tensión en la espalda de Lorenzo se relajó, y le ordenó a Aurelio:
—De paso, compra un juego nuevo de sábanas, almohadas y mantas en el supermercado de abajo.
Aurelio asintió y se marchó, mientras Lorenzo regresaba a la sala.
Marisela siguió recogiendo sus cosas. Todo parecía estar allí, pero...
De repente se levantó y fue a su antigua habitación. Cuando iba a usar la llave para abrir, alguien de