Viendo que no sentía vergüenza sino orgullo, Ulises negó con la cabeza y se dispuso a regresar a su cuarto.
—¡Cuando te hable acuérdate de ser amable, no vuelvas a molestar a mi amiga! —le gritó Celeste al desalmado de Ulises.
Como respuesta obtuvo que le cerrara la puerta sin piedad en las narices. Celeste se quedó mirando la puerta con furia y luego se fue a su cuarto.
En la esquina del pasillo.
Libertad, que pasaba con un vaso de agua, había escuchado toda la conversación, frunció ligeramente