No muy lejos de su puesto de trabajo. Violeta seguía escuchando la conversación entre ellas, especialmente cuando Marisela presumía con tono jactancioso sobre su buena relación con el señor Bustamante.
Apretó los puños mientras bajaba la mirada, revelando un destello de odio y celos en sus ojos, mezclado con impotencia y frustración.
El señor Orellana no la había despedido, solo la obligó a disculparse públicamente en el grupo de la empresa, y ahora ocurría esto...
La señorita Bustamante era ami