Lorenzo apretó los dientes con tanta fuerza que las venas de sus manos sobresalían por la tensión. Una amargura insoportable le oprimía el pecho.
Frente a él, Aurelio ya no encontraba palabras de consuelo, pensando en la ironía de la situación. Antes era Lorenzo quien se negaba a hacer público su matrimonio con Marisela; ahora se enfurecía porque ella censuraba su nombre y sentía celos del señor Orellana.
Salió discretamente, cerrando la puerta para darle privacidad a su jefe, y negó con la cabe