Unos veinte minutos después, llegó al complejo residencial. Lorenzo subió aturdido las escaleras, con la mirada perdida y aspecto abatido, tanto que ni siquiera vio a la persona acuclillada junto a su puerta.
Siguiendo la memoria muscular giró a la izquierda. Al oír sus pasos, la persona junto a la puerta volteó la cabeza y se levantó corriendo hacia él, emocionada.
—¡Lorenzo! —Isabella lo abrazó por la cintura con voz llorosa.
Lorenzo volvió en sí y, al ver quién lo abrazaba, la apartó sin cont