Luego de llegar a la puerta de la sala privada, Celeste empujó indecisa y se encontró con un hombre desconocido de mediana edad en el interior.
—¿Eres la persona encargada de entregar los documentos? Dámelos —dijo el hombre.
Celeste miró alrededor pero no vio a Lorenzo ni a Andrés. Preguntó curiosa:
—Disculpe, ¿quién es usted?
—Andrés me pidió que sacara los documentos. Solo necesitas dármelos.
En realidad, ese hombre le dio una sensación extraña. Celeste extendió los documentos hacia él, pero d