En la villa de Lorenzo.
Desde una habitación en el tercer piso, se escuchaban fuertes ruidos y golpes, como si se estuvieran lanzando objetos pesados al suelo. El estruendo hacía vibrar el piso con cada impacto.
Un grupo de médicos salió apresuradamente de la habitación. Andrés, que estaba esperando en el pasillo, frunció el ceño y les preguntó:
—¿Todavía no funciona?
El doctor Denzel, con el rostro ligeramente golpeado y visiblemente agotado, sacudió la cabeza.
—Le hemos administrado una dosis