Lorenzo se inclinó para besarla, sus labios cálidos con un toque de alcohol rozaron los de Celeste, pero ella giró la cabeza, evitando el contacto. Su voz, normalmente suave, ahora tenía un tono frío.
—¡Suéltame!
—¿Volvemos a casa o prefieres ir a la oficina? —preguntó Lorenzo, sin captar aún su cambio de actitud, mientras su frente rozaba juguetonamente su cuello.
Tenía claro que la deseaba, pero sabía que Celeste no era de las que cedían en lugares como ese, por lo que decidió que sería mejor