Celeste se quedó inmóvil, recordando el día en que fue a buscarlo a la oficina. Sus ojos titilaron al recordar:
—Cierto, ese día fui a buscarte porque tenía algo que decirte.
—¿Qué quieres que haga por ti? —Lorenzo respondió con un tono indiferente.
Después de todo lo que había sucedido, el descontento que sentía por ella ya había desaparecido.
Ya fuera que ella no le importara o que lo estuviera utilizando, mientras Celeste estuviera a su lado, nada más importaba.
Celeste parpadeó, sorprendida: