Celeste tuvo un sueño.
En el sueño, estaba flotando en el agua, y alguien le decía que le enseñaría a nadar. Ella, contenta, aceptó.
De repente, una fuerza la arrastró hacia el fondo, ella luchó, pero esa fuerza era demasiado fuerte y seguía tirando de ella hacia abajo.
La escena cambió, y frente a ella apareció un auto sumergido en el agua. A través de la ventana, vio a un hombre con la piel pálida sentado en el asiento del conductor, con los ojos rojos fijos en ella.
—¿Por qué no me salvaste?