Celeste tenía un mal presentimiento, sin saber qué él iba a hacer. Agarró con firmeza la corbata del hombre que él le había metido en la mano, y retrocedió un paso de manera instintiva.
Lorenzo miró a Enzo y su tono fue muy tranquilo:
—Tendría que esperar un poco.
Cuando terminó de hablar, caminó con grandes pasos hacia el guardaespaldas, llegando frente a él en un par de zancadas, y le lanzó una patada brutal que lo hizo volar.
¡Boom!
El guardaespaldas aterrizó a metros de distancia, escupiend